Maria Matinmikko

[English] [Suomi]

Translation: José Luis Rico


Del libro Värit (“Colores”)
editado por Siltala (2017)



Sue, Bessie y Lou regresaron. Mientras estuvieron fuera, las palmeras de yuca y los higos silvestres me recordaron el color verde. Ahora fuman ante el alféizar de la ventana, volutas y articulaciones zumban en el remolino del aire. Una de ellas dice: “La estación de Pasila está empujando descaradamente su acero hacia la primavera”. Cualquier jugo vale la pena beberlo de un cáliz. Todos los días debes vestir tus mejores galas.


Peces de agua oscura, hondonadas y corrientes pantanosas caen de la plática a la mesa. Los cubiertos se ponen melancólicos. Rayos iluminan la mesa encantadoramente. Bambi, que se despertó tarde, se tambalea por el relámpago matinal. Bessie quiere contar una historia de amor: “La saliva era un charco en la comisura del labio. Como el viento era fuerte, el moco se disparó en jirones y plastas por la cara hasta la frente, y salpicó de ahí según la dirección del aire. Los labios se hincharon. Las membranas bucales se irritaron y ulceraron. La campanilla se ensanchó y punzó. La lengua se puso tiesa. Las llagas bucales imposibilitaron el movimiento de la mandíbula. La petrificación de la lengua hizo que el cuello se endureciera. La cabeza no podía girar. El tórax le abrió paso a la tráquea que se hundió hasta la pelvis, haciendo una incisión profunda en el cuerpo. La tráquea estirada se dilataba y contraía al ritmo de la inhalación como un ventilador que se revivía a sí mismo.” Nos quedamos sin palabras. Luego escuchamos a Bambi –que se había despertado tarde– ponerse de pie. Es característico de Bambi crear arcoíris repentinos y comerse las sombras del espíritu de la época. Sue abre el gabinete.


Bessi se limpia las cejas y comienza a arreglarse el contorno dorado. Añade: “Mejor una canción. Lost love: my lonely gift runs along your river.” Lou se agarra firmemente la cintura y responde: “Si le agregas un violín a esto, lo patetizas. Métele un doblez deshilachado, una fijación fatal y un estudio.” La risa choca contra los marcos del techo y cae en gránulos. Fragmenta nuestra forma, en un lugar sin viento abre un calor desarrollado.


El postre surte un efecto inmediato. Se cuela entre la comida pesada y azucara la mente. Cuando se le vierte café encima, las cosas encuentran su justa proporción. Bambi se mordisquea una oreja, y la sacamos a pasear al parque. Bambi hace sus necesidades en las raíces de un arce. De las heces surge ante nosotros una visión: En este sábado pluvial un cigarrillo cae de los labios flácidos de un desconocido, esencia de la dejadez entera en todo momento, en todo lugar.


Como si un trozo de roca a punto de desprenderse del barranco por un tiempo indefinido se desplomara así nomás en un momento sin pasado ni futuro. No importa por qué la piedra cae y donde golpea. Una persona es sumida en sus botas, con ayuda de las cuales permanece erguida. Hasta las rodillas, es materia firme, pero de ahí hacia arriba revolotea como tibio espejismo. El Stetson se menea sobre el espejismo, como cereza dura, ¿no?


Bessie se deja caer al piso a pesar del estómago lleno. Dice: “Las palmeras de plástico se mecen bajo la lluvia de Helsinki. El edificio con forma de ballena está en ruinas, su pintura se desgaja. Un barrote atraviesa su mirada horizontalmente. O una simple línea. Le toca amasar pan de pura agua: eso es pobreza. Cuando una persona se separa de una persona, la sábana del enfermo flota en el aire, buscando su lugar de aterrizaje.” Yo respondo: “estás proyectando”.


Bambi sigue su camino, estamos solas. Sabemos que después de la tormenta brota una flor que solo brota después de la tormenta.




De Kolkka (“Esquina”)
Siltala (2019)




El binarismo performativo de género y los pasteles carelianos congelados
crujen en el tostador.

Miedo a que la lengua no quepa en la propia boca.

Sonidos de orquesta se escuchan desde la playa.

Equis mira a su alrededor y se da cuenta de que todo el tiempo fuimos
una gran red con mosquitos, alcantarillas y planetas
incluidos.

Y griega dice: cuando niño no me sentí visto.

Oscura y brillante, áspera, llena de pequeños
insectos de alas desnudas. La luz de la pupila contemplante
se refleja en las alas, colores. No puedo nombrar esta arena
está un poco mojada, no ha llovido, se siente
distinto, igual que esta noche, el universo.

Un calor sale de adentro.
El fondo es color mate, como el papel.
¿El fondo de qué?

¿Se puede alcanzar un mundo sin nombre?

¿Deben creerse todos los conceptos? ¿Que realmente apuntan
a algo y lo agotan?

¿Cómo nombrar a ese yo que no es ni mente ni
sentir?




Maria Matinmikko es una poeta y prosista galardonada. Sus primeras obras Valkoinen (2012), Musta (2013) y Värit (2017) forman una trilogía de ficción. La última es Kolkka (2019), una novela-poema fantasmática, filosófica y feminista. Matinmikko es miembro de Mahdollisen Kirjallisuuden Seura (Sociedad de Literatura Potencial), un colectivo de escritores que escribió Ihmiskokeita (2016). Matinmikko también participó en la pieza digital Lähes tunnistamaton mahdollisuus menettää (2018). El trabajo de Matinmikko abarca distintos géneros, combinando el pensamiento poético, filosófico y social en diferentes arreglos. Completó una maestría en filosofía en la Universidad de Helsinki, especializándose en estética.