Carlos F. Grigsby | Poemas

Suomennos


Tomado de la revista Casapaís. Falta averiguar el origen



anhelabas un vocabulario
para la vida vegetal y pensabas
que una ventana es una forma
de estar en el mundo
de ahí tu convicción
de que el trayecto
importa más que el destino
gracias a las formas de las nubes
tras la transparencia del óvalo
y las entrañas anaranjadas
del crepúsculo y cómo
la velocidad desvae
las formas limpias
de la realidad
así te pasaste la vida
esforzándote en mirar
y nunca te diste cuenta
que el paisaje eres tú


Poemas del libro Rilke y los perros



Rilke y los perros

I
En una foto aparece Rilke junto al matrimonio Rodin 
y dos perros. El poeta parece más cercano 
a uno de los canes que al escultor, su ídolo entonces. 
¿Por qué? Rodin es el arte mismo; el perro es más humano. 

Rilke los mencionó en sus cartas 
escribió poemas sobre perros
y los tuvo también como mascotas.
Entre ellos, consideró a Prinz y a Lord 
dos amigos de verdad. 


II
Hoy vi por la calle un bulldog francés, 
negro, de rostro amistoso, a pesar de 
su personalidad tímida y nerviosa. 
Su dueña vestía una sudadera rosa 
y para ella —claramente— pasear 
a su mascota es hacer ejercicio. 
(El collar del perro también era rosa.) 

Reparé en esa suerte 
de colonización de una especie
con perversidad cristiana: 
deformar al otro 
a imagen y semejanza
de uno mismo. 

Consideré las alergias con las que 
tienen que vivir, los dolores 
en las articulaciones, los problemas 
oculares. Todo para nuestra satisfacción.  

Me desdigo sin embargo al confesar 
que hay razas cuya belleza admiro. 
El Chow Chow, cruce entre león y oso, 
antiguo guardián de templos budistas. 
Las razas siberianas, verdaderos perros lupinos. 
O los cobradores dorados, mejores nadadores que yo 
y seguramente mejores amigos. 

Además, siempre me ha divertido 
que los perros bajitos se comporten 
como los hombres bajitos
siempre ladrando
para compensar por su estatura.  


III
A Rilke le parecía aborrecible 
cómo los hemos vuelto tan dependientes de nosotros
en patetismo consuetudinario. El perro de hoy 
vive al filo de su propio ser: mirada y hábitos 
humanizados hasta la aberración.  

Después, cuando ya iban de vuelta,
la dueña tiró de la correa con fuerza 
mientras el bulldog descubría un árbol 
con su hocico, que para ellos debe ser
más que una mano. 

Me acordé de aquel Goya 
el del perro hundiéndose 
en dunas tenebrosas 
—dunas del amor humano.



Bajo tierra

Así como de las plantas solo vemos 
de su cintura para arriba 
y a la superficie del mar 
llamamos el mar
de ellos solo percibimos
la punta de los dedos
emergiendo de la tierra. 

Los llamamos trufas, 
setas, oronjas, níscalos 
o champiñones pero 
sus verdaderos cuerpos 
—el micelio— están bajo tierra
como vastas redes filiformes
y son el bosque debajo del bosque
sin ser por ello plantas o animales 
sino un reino en sí mismo. 

Ignoramos que lanzan miles
de millones de esporas al aire
que aterrizan, a toda hora 
y en cualquier momento, 
sobre un pétalo, un parabrisas,
la punta de una nariz.

Y así van extendiendo 
su imperio subterráneo 
estos seres que roen 
la muerte y saben digerirla
y devolverla hecha vida.  

Son literalmente la levadura 
que le da al pan su cuerpo
a la cerveza su sabor 
y hace que la uva nos embriague.
Y qué decir de los que abren 
las puertas de la percepción… 

Pero los privilegios de la vista 
tienen cataratas. Planta, mar, 
micelio. Todo, a la luz 
del ojo, se vuelve sinécdoque.





LAS CAVERNAS

Suponiendo que sobrevivimos
a nosotros mismos y sigue
girando este lindo planeta azul,

suponiendo que llegamos a las estrellas
en lontananza y de tiento en tiento se da
el encuentro con una inteligencia extraña,

¿acaso serán como los pulpos
que tienen la mente en los tentáculos? Inútil
especular. En todo caso, ante nuestros vecinos

siderales, ¿de qué nos servirá el pobre
arte de la escritura? Comprenderán
tal vez nuestros aspavientos,

la razón tras nuestro abultado cráneo
y las matemáticas que urdió el mono
bajo las estrellas, ¿pero leernos?

Sospecho que no. Y sin embargo
hoy me puse a pensar
en el sentido de esto de escribir

y veo claro que cada uno escribe
para transmitir al que viene
cómo fue ser humano en su tiempo,

a qué se parecía el amor en su cultura
y, si tenemos suerte, revelar alguna verdad
pequeña, parcial y pobre

que al siguiente, y al siguiente del siguiente,
les ilumine un poco el mundo. Es decir,
seguimos pintando en las cavernas

pero vamos mejorando.