Daniel Rojas Pachas | Poemas

[Suomennos]


del libro Cristo barroco (Editorial Mago, Perú, 2017)


Ciudad


Lo previo (((escrito)))
ha sido un ensayo de nacimiento.

Sin pies o manos
retina como caldera y un cuerpo que abre paso
Barthes dice contemplar la lucha libre «con asombro
 y predilección este artificio deportivo, sometido en
su estructura misma, al asíndeton y al anacoluto,
 figuras de la interrupción y del corto circuito»

La calle,
a fuerza de motos repleta con violencia.
Payasos a ciento-cincuenta kilómetros por hora,
de un lado ponen a prueba la rabia
del otro suena el gong
y ella,
pierde control…
Otra historia de hermanos que se interrumpe: ¡Hah!
¿No te gusta lo que escuchas, eh? ¿Te hace enfadar?
¿Y qué piensas hacer al respecto? Bien, Kaneda.
¿QUÉ PIENSAS HACER AL RESPECTO?
Edificio de palabras… disparos quiebran
rostros y la maquinaria… un cartel inmenso
de Cola antecede la ciudad de neón…
toda una experiencia el vivir aterrado
                                    ¿no es así? Eso es ser un esclavo.
El paisaje de esta factoría (una lágrima bajo
la lluvia) no es más que una clausura,
y ella…
un tráfico de revelaciones pospuestas
como el sonido para un ciego,
como ebrias miradas que mienten
ante un origami de unicornio…

Por encima de cerros, plástico y verbo…
Un replicante, la pandilla, un
torpe niño y el detective,
van pariendo el dolor…

            Todos esos momentos, se perderán en el tiempo…



[Otras lenguas me inspiran un sagrado rencor]

(…) Su evolución y movimiento oscilatorio
el crecimiento de sus vellos
la ramificación de los extremos
y el proceso nominativo de la carne
y si no hay infierno
¿Dónde está la carne?
La realidad entre espejos es un coloquio amatorio
dejado al azar
«Unos primeros comensales rodeados de vinos
abstractos y cubiertos de plata»
que bien podrían ser cuchillos de barro o madera…
El orden constituye la supremacía del vicio
y el imperio de pequeños lagartos que alucinan ser
un pequeño dios o algo más que una cuerda tendida
entre el mono y lo incierto.
Como una ruleta asesina…
(…) todos los organismos vivos me inspiran un
sagrado rencor.
Intrigas fabularias penden de esa trama
en que morder la palabra
es como hincar el diente sobre un lomo húmedo
FISURA CANÍBAL CON OJOS DE INFINITO;
todo apunta a su propia negación
el génesis abortado de la indiferencia.




[En un abrir y cerrar de sus ojos distintos]


Aún quedan fondos por recorrer
olvidados por aquella costumbre a mirar
dentro del abismo cotidiano…
Y despiertos,
soñamos esta negligente esperanza
como el perdón de un manierista dios sin párpados
vigilando la noche eléctrica de
los alucinados al nacer
«haz dejado de crecer, hijo,
ahora empiezas a morir»
abre las cortinas
y deja que aquella retina
en su punto más feroz
atraviese de par en par el corazón
sagrado de tu sombra…
No hay reflejo más hermoso que aquel
que traduce al muro del olvido
y ella…
cruzó al otro lado.



del libro Mecanismo destinado al simulacro
(Municipalidad de Lima, Perú, 2022)



Hinostroza

Hematomas
que nunca entenderás cómo aparecieron.
El desborde
ahora úlcera
Una competencia que juras mínima
electricidad en los dedos —bravatas adolescentes—
Una canción que persigues en una lista borrosa.
Las carcajadas de rostros
fundiéndose con el neón y una chica drogada que deja
todo en la pista de baile.
Todos los días
calles a rastras que se difuminan
y las conversaciones
—trasnochadas—
en habitaciones de una ciudad sitiada ore l miedo.
Un auto te saca de ahí rumbo a un aeropuerto.
Otra vez asfalto
tapizado por luces rojas y vendedores de fritanga en las
esquinas.
El neón
y la espuma derramada ayer
lo más cerca que llegarás a tentar la suerte —un éxito de
los ochenta, perfecto para un montaje
de alguien entrenando para una pelea.
Hacía seis años que no escribía, siete que nada
publicaba, y ya comenzaban a mirarme oblicuamente
los amigos, y aquellos que estaban en el asunto, como
si a mis 34 años fuera ya un has been, una vieja gloria
literaria.
Corte de escena (Aquí me tienes, recortando unos
grillos de papel, cortar figuras es lo que mejor se me
daba en la escuela. Podría pasar horas haciendo eso
para ti y viendo cómo haces una mueca —una especie
de bostezo al mirar con extraña atención una pantalla—
—Qué pasó con Gary Cooper. El tipo fuerte y silencioso.
Él no estaba en contacto con sus sentimientos.
Solo hacía lo que debía hacerse.




Martín Adán


Trazar movimientos.
Escoger armas.
Con inocente pretensión se suplanta toda épica
—agenda en blanco—
el correcto doblez de la muñeca
un músculo en éxtasis
y la distancia precisa
entre el objeto
ante el mecanismo destinado al simulacro.
Todos los mapas mienten al fijar la emoción
como una navaja condenada a untar la mantequilla
cuando muera
no quisiera estar presente
La mentira
comparte la misma marca
que ella en su rostro.
Para muchos
—la tarea—
se resume en apilar cuerpos sobre la repisa.
Así como el que corta el poema
y decide cuándo corren las prensas
el sujeto ensaya viejas estrategias
para sumirse ante el fuego y la katana.
Al igual que la señora
barriendo los trasnochados pasajes.
Algo de vida resta en la resaca de polvo y plástico.
Repetir el doblez de un músculo
es pretender la historia.
Simular una ficción
tan solo esconde
la escritura bajo la materia.