Mohsen Emadi

Mohsen Emadi Traducción: Clara Janés

[Suomeksi]    [English]

El poema I Las palabras son el cementerio de las cosas. El trote de un caballo en estas líneas es un sonido que no oía desde mi infancia. Durante mi adolescencia tu risa se marchitó. Escribo como si peregrinara a la ciudad de los muertos. Si el tiempo pudiera dar marcha atrás, los murmullos de mi padre resonarían en los oídos de este texto, el sonido de una bala estorbaría el sueño de estas líneas y un poema de crin salvaje marcaría el paso en una habitación cerrada durante años. Las palabras se han colocado a lo largo de las descoloridas líneas de una casa: aquí está la ventana, más allá de la ventana, un patio. Nadie sabe qué pesadilla despierta el poema. Ve a veces, en la ventana, la mirada de la novia del vecino, a veces el columpio y la bicicleta, o el muro con sus dibujos inocuos. Los contempla hasta que cobran vida. Sólo entonces, inhalando y exhalando cosas vivas vuelve a dormirse. II Hace años que los murmullos de mi padre se perdieron en el texto del sueño y el poema encendió tres mil velas, modeló tres mil barcos de papel y los ofreció todos al mar. Ahora que ya he hecho las maletas y espero el primer tren que no me devolverá a este lugar, el poema monta en bicicleta; temblando y con precipitación pedalea sobre baches y charcos, toca el timbre de una puerta, contempla los susurros y los sollozos temiendo que le oigan. Pero los susurros suenan tan alto que es imposible oír el pitido de un tren. Estoy todavía en la estación y el poema en Khavaran protege a los muertos de estos años pasados de la mirada de los guardias. III Hace un año el poema se coló por una alambrada donde los soldados patrullaban por las colinas de tu pecho, robó tus labios, tus manos; y te recreó pieza a pieza. Este año, los soldados apenas vigilaban: tu cuerpo robado ya hace tiempo. En la estación mi banco lo ocupa un muerto cuyo nombre el poema desconoce. (tampoco aprendería el tuyo.) Balas y sangre caliente encuentran su camino en estas líneas— no hay papel que pueda detener este desangrarse. La estación está repleta de pasajeros que están muertos. Los pelotones de ejecución y las sogas no esperan ningún tren. A regañadientes, los enterradores tocan los timbres de tres mil casas. Tres mil bicicletas abandonadas están esparcidas por los callejones. IV El poema no está parado ante un pelotón de ejecución. Tampoco el pelotón de ejecución, en el poema, sabe hacia dónde tiene que apuntar. Ellos sólo han subido el precio de los servicios básicos, el alquiler, y los gastos del entierro. No puedo comprar cigarrillos para tres mil muertos pero puedo devolverles la vida. No quiero que el poema los devuelva a un cementerio que ha dejado de existir, sólo quiero recordar que todas las bicicletas abandonadas se han estropeado ya, que nadie volverá nunca a escuchar el sonido de sus timbres. Los muertos se quedarán en la estación y si el poema puede asegurar un billete para cada lector se lo enviará en el primer tren de ida. En mi país es normal tres mil muertos en una estación. Tres mil muertos en un tren es normal. V En las estaciones de frontera ellos arrestan nuestras lenguas. Nuestras palabras se estropean cuando cruzan esa línea. Yo me suelto de tus manos fuera de la estación, el pitido del tren apresura mis palabras. Las palabras han ocupado todas las cabinas, tienen tres mil pesadillas. Mis palabras son jóvenes, apenas tienen treinta años, pero se han ido acumulando capa a capa bajo este uniforme de preso. El amarillo no fue el color de mis zapatos del colegio, tampoco era rojo el color de mi hucha ni azul el color de mi primera bicicleta. Las palabras han crecido con los colores de tu uniforme; eran una manada de caballos huyendo un arco iris que tú arrancarías y enviarías con una larga curva por los aires haciéndolo caer en la suciedad y el barro, en las esposas, en la oscuridad y en la orden de disparo. VI No estoy en esta larga fila esperando pan y leche. Estoy aquí para entregar mi lengua Todo lo que atraviesa la frontera pierde peso. Estoy aquí para ser traducido. Una bicicleta recorre mis fronteras por baches y charcos. El poema tiene en cuenta conjunciones y preposiciones, la distancia entre yo y yo, mi a-ante-cabe-con-contra mi. Llueve sobre conjunciones y preposiciones, sobre las relaciones. En la lluvia la distancia entre nosotros se amplía, y a esta distancia, Khavaran se va ensanchando. VII En mi lengua cada vez que nos callamos de repente, nace un policía. En mi lengua, detrás de cada bicicleta asustada se sientan tres mil palabras muertas. En mi lengua la gente murmura confesiones, va vestida de susurros negros, se la entierra en silencio. Mi lengua es silencio. ¿Quién traducirá mi silencio? ¿Cómo voy a cruzar esta frontera?  
  • Khavaran es una localidad al sudeste de Teherán, fue un cementerio Bahai usado para enterrar a los prisioneros de conciencia asesinados en la ejecución en masa de 1988. Fue demolido por el gobierno iraní en enero de 2009.