Tanya Tynjälä

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Tanya Tynjälä (Perú) es una escritora de ciencia ficción y de fantasía, especializada en niños y adultos jóvenes que reside en Finlandia. Tiene una Maestría en francés como lengua extranjera. Además de libros para niños, Tanya ha publicado el libro de microficción SUM (2012) e (Ir) Realidades (2017). Su relato “El Ritual” (Rituaali) fue incluido en el libro Suomalaisia Saunanovelleja (2017, Aviador). También escribe un blog de viajes: Piedra que corre sí que coge moho y es editora en jefe en idioma español de la revista Amazing Stories.
Sivuvalo se siente muy honrado de publicar Ley cero y Como los unicornios traducidos por Marlon James Sales. No apagues la luz fue traducido por Tommi Tynjälä


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LEY CERO

Recibir el premio Nobel solo agudizó su esquizofrenia.

Esa misma noche le confesó a Ajeeb (el único capaz de escucharlo sin juzgar) que vivir le hacía daño y se puso a llorar como un niño. Ajeeb no lo abrazó, pues pensó que su cuerpo de acero solo le causaría más frío al ya estremecido Genio.

La autopsia rezaba: “muerte por sobredosis de benzodiazepinum bio modificado”. Ajeeb se encargaba de administrárselo todas las noches. Era lo único que lograba mitigar el insomnio crónico del que sufría el Genio.

Cuando la fuerza del orden lo interrogó, Ajeeb solo dijo, lanzándoles su inexpresiva mirada y con esa voz calma y monótona que lo caracterizaba:

— ¿Acaso no se matan a los caballos?


NO APAGUES LA LUZ

Pedrito solo pide que no le apáguenla luz cuando va a dormir y se niega a dar explicaciones. Sus padres han tratado de todo, que se encomiende al ángel guardián, burlarse de él diciéndole que ya está grande, amenazarlo, psicoterapia. Nada parece dar resultado. El psicólogo no cree en un trauma. Aparte de ese detalle, Pedrito se ve muy relajado y feliz. El psicólogo aconseja a los preocupados padres que esperen, que seguro pasará con la edad.

Pedrito solo suspira y pide que no le apaguen la luz sin decir porqué. Sus padres no lo entenderían. Él no le teme a nada. Es ese tonto monstruo peludo que se esconde debajo de su cama quien le teme a la oscuridad. Si apagan la luz, él se mete de un salto bajo las mantas del pobre Pedrito. ¿Y quién quiere dormir con un monstruo tembloroso y llorón?


COMO LOS UNICORNIOS

La niña se asomó tímidamente, lo suficiente como para ver a la inmensa criatura observar un orificio en el frágil hielo. ¿Lo habría hecho ella? Acompañaban a la criatura dos iguales a ella pero más pequeños, sus crías supuso la niña.

La criatura esperaba paciente a que sucediera algo que la niña no lograba comprender. Sus crías daban vueltas alrededor, jugando por ratos a empujarse y morderse. La niña sonreía. De pronto uno de los pequeños levantó la cabeza y miró directamente hacia donde ella se escondía. Tuvo miedo, quiso huir, pero algo más fuerte que el temor – la curiosidad – la hizo mantenerse inmóvil, casi sin respirar. El pequeño se acercó, también curioso hacia ella. ¿Tendría también miedo? Una vez frente a frente él acercó su hocico – que ella imaginó muy frío- olisqueándola. La niña pudo observar sus ojillos negros y su pelaje blanco como la nieve alrededor. Ella pensó que jamás había visto algo tan hermoso y deseó poder tocarlo.

La criatura lanzó un rugido que hizo estremecer a la niña. El pequeño se dirigió trotando hacia su madre.

La niña corrió lo más que sus pequeñas piernas le permitieron. Al llegar a la escotilla de su refugio, puso fervorosa la palma de su mano enguantada sobre ella. La escotilla la reconoció y la dejó entrar. Ni siquiera se detuvo en la cámara descontaminante. La computadora le lanzó una advertencia. Ella no podía esperar, tenía que contárselo a todos. Su familia se encontraba tomando sus alimentos vespertinos. Todos voltearon a verla. Apenas si logró quitarse la escafandra.

—¡Vi un oso polar! ¡Vi un oso polar!—Gritó emocionada.

Su madre quiso reprenderla por entrar con el traje, lleno de sabe dios qué radiaciones externas, pero ante su inocencia solo pudo sonreír. Sus hermanos mayores fueron los que empezaron a burlarse de ella.

—¡Todos saben que los osos polares no existen! ¡Pronto vas a ver fantasmas!

 

 

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